Formación Profesional, mejor de lo que se piensa
La Formación Profesional es una vía más para culturizarse y formarse adecuadamente hacia una actividad económica; y merece tanta dignidad como cualquier otro tipo de educación. Esta es la base, sin embargo, la realidad siempre ha sido muy distinta.
Nuestro país, con respecto a la Unión Europea, continúa con el síndrome de la «titulitis» lo que supone una equivocada concepción de la formación profesional, a la que se le otorga la etiqueta de «son para los alumnos fracasados, en fin , los que no han podido con otra cosa». Y nada más lejos de la realidad, los títulos de FP no son jauja, implican un esfuerzo duro y constante y es indispensable estudiar para obtenerlo.
Además, las estadísticas muestran que los alumnos que cursan este tipo de ciclos formativos obtienen un puesto de trabajo más rápido que los universitarios, y es más, suelen percibir unos ingresos superiores. Aún así, la formación profesional tiene sobre sí una pesada carga que sólo la Administración y, en definitiva, el Gobierno puede eliminar.
Se trata de la mala imagen que la sociedad tiene sobre ella, y asimismo, la falta de calidad y renovación que posee desde sus orígenes. Está poco impulsada a pesar de que tiene bastantes salidas profesionales y los cursos que se imparten suelen ser profesiones que las empresas continuamente demandan para sus organizaciones.
Pero la sociedad, desde siempre, ha arrinconado este tipo de estudios en el sótano y a aquéllos que los cursaban se les ha considerado como malos estudiantes. Por ello, es de necesidad urgente que, a través de campañas publicitarias y demás, se cambie la mentalidad de la gente respecto a este tema y se conciba como lo que es: una vía más para prepararse a la incorporación del mercado laboral.
Estudiante universitario vs formación profesional
La principal diferencia de este tipo de educación frente a otros títulos es, fundamentalmente, que son contenidos más prácticos por lo que están mucho más ligados con la profesión en la que se va a trabajar y se adquieren con más rapidez que las carreras universitarias.
A esto hay que añadir, según datos manejados por el Congreso Nacional de Formación Profesional, que en su primer empleo un titulado de Formación Profesional percibe un 40% más de sueldo que los licenciados por la universidad. Por regla general, los universitarios encuentran su primer trabajo alrededor de los primeros ocho meses después de finalizar los estudios. Sin embargo, los alumnos de formación profesional no tardan más de 4 a 6 meses.
Existen algunas profesiones para las que la formación profesional se ofrece como un camino factible. Se trata principalmente de aquellas relacionadas con las nuevas tecnologías tales como la informática, programadores, etcétera. De hecho, en estos momentos, las empresas españolas no encuentran suficientes profesionales técnicos dentro de las fronteras españolas lo que les obliga a contratar a personas procedentes de Hispanoamérica, Italia o Estados Unidos. Otras profesiones que también demandan a personas que estén más formadas y capacitadas son los sectores de la construcción, la metalurgia, la hostelería y el turismo.
La nueva formación profesional
La reforma de la LOGSE también ha afectado a la Formación Profesional y cuyo objetivo básicamente es invertir esa tendencia a la baja de alumnos inscritos en este tipo de educación.
Hasta la llegada de la LOGSE, la realidad de la FP se planteaba como un tipo de educación en la que no se preparaba suficientemente a los alumnos para su inserción en el mundo empresarial, al menos en algunos segmentos y ámbitos profesionales. Por estas y otras razones, el Gobierno presentó el año pasado un proyecto de ley creado por el Ministerio de Educación. En su contenido se pretende mirar más hacia Europa y su objetivo fundamental es la acreditación profesional de cara a la libre circulación de personas.





