Trabajar dentro y fuera de casa
La mujer ya ha superado la discriminación laboral a la hora de acceder a un puesto de trabajo, aunque los ingresos sigan siendo inferiores a los del hombre. Su presencia en las universidades es ya superior respecto al sexo masculino. Y sin embargo, todavía existe algo arraigado en la sociedad que obliga a la mujer a realizar un mayor esfuerzo sobre el hombre: la sufrida y doble jornada laboral que impone a las trabajadoras llegar cansadas al hogar y coger entonces el relevo del trabajo doméstico.
La transformación de la forma de vida y una economía que exigía mayores ingresos por su competitividad implicó que la mujer fuera insertándose en el mercado laboral teniendo que demostrar que su valía era igual o superior a la de su compañero de turno. Así, hoy en día, a nadie le extraña ver a una mujer con un cargo de directivo y se olvida que la fuente de ingresos que el sexo femenino trae al hogar no es complementaria sino eminentemente necesaria.
No obstante, la mujer sigue siendo objeto de discriminación en cuanto a la doble jornada laboral que debe afrontar. Por un lado, el trabajo, donde obtener los mismos ingresos que el hombre supone dejarse la piel en la oficina. Y por otro lado, y para recompensarla, llegar a casa y desempeñar las responsabilidades domésticas.
Y es que las labores del hogar siguen existiendo, planchar, cocinar, por no hablar de los cuidados que exige un hijo, el médico, reuniones con sus profesores y sencillamente, escucharle y atender su crecimiento. Las campañas para promover la igualdad laboral se han olvidado de estas funciones que, por no se remuneradas, nadie agradece lo que todavía añade un menor estimulante para llevarlas a cabo.
Además esta doble tarea impide a la mujer tener la disponibilidad laboral que tiene el hombre y en consecuencia, no le dan muchos trabajos de mayor cargo porque no puede ejercerlos como lo haría un hombre. La eterna pregunta es ¿por qué la mujer tiene que echar por la borda su carrera, en lugar de compartir con su pareja las tareas que son comunes y de esta manera, ambos cumplir sus sueños profesionales?
El trabajo doméstico, una profesión ignorada
En nuestro entorno, todo se valora por su capacidad de producción, si obtienes más ingresos de un cliente, te subiré el sueldo, si vendes más pisos te daré un cargo mejor. Con estas perspectivas, el trabado doméstico para nuestra sociedad no vale absolutamente nada, ya que económicamente no aporta ni un céntimo. Esta ausencia de valor crea en la mujer una sensación de inutilidad cuando en realidad construye y educa al hombre, base de la propia humanidad, de las economías y de todos los billetes emitidos que circulan por el mundo.
Sus funciones no son únicamente limpiar y quitar el polvo sino instruir a los hijos e incluso ejercer de psicóloga cuando algún miembro de la familia tiene algún problema. Pero parece ser que nadie se percata de ello, es más, consideran que es su deber y ni se paran a pensar por qué la casa está tan limpia, la ropa está planchada o los niños están bañados.
Este descuido de lo doméstico repercute en la salud de la mujer ya que cuando la pareja no ayuda recae en ella, además de su jornada completa en la oficina, otro oficio que no aporta ingresos, sin gratitud y probablemente, con las peores condiciones que se puedan fijar en un contrato sin darte siquiera la posibilidad de decidir firmarlo o no.
Redacción Mujer
16/5/2008





