Familia

Edúcale sin hacerle daño

A los dos años, los niños pasan por una etapa de deseo de independencia que lleva asociado un desafío a la autoridad, especialmente a las normas establecidas por los padres. Cuando algo no le gusta o se le lleva la contraria, suele reaccionar con llantos, pataletas y gritos.

Es muy difícil mantener la calma en estos momentos, sin embargo según todos los expertos, precisamente la calma es la mejor lección que podemos transmitir. Podemos utilizar varios métodos para controlar estos episodios de rebeldía. ¡Utilízalos!

Los gritos

Si los padres no tienen costumbre de gritar a los niños, posiblemente cuando le regañen al niño en un tono más alto será muy eficaz, pues supondrá que está hablando en serio. En cambio, los gritos y las regañinas repetidas son contraproducentes. A esta edad, a los niños les encanta comprobar las reacciones de sus padres cuando les provocan y, si observan que habéis perdido el control, sentirá que es él quien está al mando de vuestro comportamiento. Se forma un círculo vicioso: cuanto más gritas, menos caso te hace el niño.

Amenazas

Algunos niños responden perfectamente a las amenazas, otros insisten una y otra vez en su mal comportamiento. Es muy importante cumplir las amenazas, es decir, si le regañas y le avisas de que si sigue pegando a su hermano le vas a quitar el peluche objeto de la disputa...pero no lo haces, entenderá que las amenazas no se cumplen e insistirá en su comportamiento.

La técnica de la interrupción

Actualmente, muchos expertos defienden otros métodos para modificar el comportamiento de los niños a esta edad. Uno de los más extendidos es el llamado de la interrupción, por que su objetivo es interrumpir la actividad del niño para que se de cuenta que ha hecho algo malo. Si se ha portado mal o ha agarrado una rabieta, hay que apartarlo y decirle que se esté allí quieto durante 2 a 3 minutos. Una silla, un rincón o una escalera valen para este aislamiento momentáneo. Después de haberle dejado esos minutos solo (mientras, puedes seguir haciendo tus actividades cotidianas) le levantas el castigo, le das un beso y olvidas el berrinche. Puede ocurrir que el niño grite, llore y se enfade aún más. No te inmutes, sé firme y déjale en el lugar que hayas elegido. Debes transmitir al niño firmeza y tranquilidad. Si después de esta situación continúa pegando a su hermano o pintando la mesa de la cocina, repite la interrupción con la misma calma que la primera vez. Seguro que se cansa de parar tantas veces seguidas.

Pegar un azote

Muchos padres defienden los azotes o las tortas como la mejor manera de poner límites. De hecho, un estudio reciente realizado por el Ministerio de Asuntos Sociales español recoge que el 47 por ciento de los padres consideraba que un azote era imprescindible en determinadas circunstancias.

Entre las razones que están a favor están la de que los azotes, de forma moderada y dándose de manera convencida en situaciones extremas, pueden ser eficaces y subrayan la autoridad paterna siempre y cuando no se conviertan en una práctica repetida.

Sin embargo, existen otras tantas que no están de acuerdo con esta técnica ya que para muchos psicólogos y pedagogos es un método muy poco eficaz.

La primera duda que se plantean es ¿cuál es el límite una vez que se ha dado el primer azote?, ¿podrán frenar los padres el deseo de dar una torta cada vez que el niño se muestre rebelde?.

También han analizado las posibles respuestas de los azotes en la mentalidad infantil. Así, los niños podrían entender que es posible pegar a alguien cuando hace algo que está mal y como consecuencia, también ellos pueden pegar a sus amigos cuando hagan algo malo según sus criterios.  Si estás enfadado o nervioso no pasa nada por pegar.

Además, es muy probable que si al niño le pegan en casa entienda que él también puede hacerlo en el colegio o en el parque. Los detractores de estos métodos afirman que nunca es un elemento educativo. Si acaso, podría ser una solución de urgencia para aliviar los nervios de los padres.

Negociar con él

La experiencia ha demostrado que de nada sirven las largas explicaciones racionales y adultas. Los niños son niños y entienden mejor órdenes cortas y tajantes. Quizá, cuando sean más mayores, podrás negociar con ellos el comportamiento más adecuado. A esta edad es difícil hacerles "razonar" como los mayores. Posiblemente no pueda comprender por qué no debe pegar a su hermano cuando le quita los juguetes. Y tampoco es fácil que acepte un "chantaje" del tipo: "Si te acuestas pronto mañana te compro un caramelo". Todavía es muy pequeño por lo que es más apropiado trasmitirle mensajes claros y sin opción de respuesta.

Sobrecorrección

Se basa en conseguir que sea el propio niño quien “arregle” los destrozos que ha motivado su conducta. Por ejemplo, si cada vez que se enfada tira sus juguetes por el suelo, se le dice que los recoja y que los guarde en su sitio.

Travesuras peligrosas

Cuando el comportamiento de los niños entrañe algún peligro, hay que dejar muy claras cuáles son las normas. No es el momento de razonar. Apártale de lo que está haciendo y dile un no “rotundo” y firme. Cógele de las manos y mírale a los ojos mientras lo haces. Deja para cuando esté tranquilo las explicaciones sobre el peligro que corre haciendo lo que está haciendo.



Redacción Mujer
27/5/2008