Pegar un azote
Muchos padres defienden los azotes o las tortas como la mejor manera de poner límites. De hecho, un estudio reciente realizado por el Ministerio de Asuntos Sociales español recoge que el 47 por ciento de los padres consideraba que un azote era imprescindible en determinadas circunstancias.
Entre las razones que están a favor están la de que los azotes, de forma moderada y dándose de manera convencida en situaciones extremas, pueden ser eficaces y subrayan la autoridad paterna siempre y cuando no se conviertan en una práctica repetida.
Sin embargo, existen otras tantas que no están de acuerdo con esta técnica ya que para muchos psicólogos y pedagogos es un método muy poco eficaz.
La primera duda que se plantean es ¿cuál es el límite una vez que se ha dado el primer azote?, ¿podrán frenar los padres el deseo de dar una torta cada vez que el niño se muestre rebelde?.
También han analizado las posibles respuestas de los azotes en la mentalidad infantil. Así, los niños podrían entender que es posible pegar a alguien cuando hace algo que está mal y como consecuencia, también ellos pueden pegar a sus amigos cuando hagan algo malo según sus criterios. Si estás enfadado o nervioso no pasa nada por pegar.
Además, es muy probable que si al niño le pegan en casa entienda que él también puede hacerlo en el colegio o en el parque. Los detractores de estos métodos afirman que nunca es un elemento educativo. Si acaso, podría ser una solución de urgencia para aliviar los nervios de los padres.
Negociar con él
La experiencia ha demostrado que de nada sirven las largas explicaciones racionales y adultas. Los niños son niños y entienden mejor órdenes cortas y tajantes. Quizá, cuando sean más mayores, podrás negociar con ellos el comportamiento más adecuado. A esta edad es difícil hacerles "razonar" como los mayores. Posiblemente no pueda comprender por qué no debe pegar a su hermano cuando le quita los juguetes. Y tampoco es fácil que acepte un "chantaje" del tipo: "Si te acuestas pronto mañana te compro un caramelo". Todavía es muy pequeño por lo que es más apropiado trasmitirle mensajes claros y sin opción de respuesta.
Sobrecorrección
Se basa en conseguir que sea el propio niño quien arregle los destrozos que ha motivado su conducta. Por ejemplo, si cada vez que se enfada tira sus juguetes por el suelo, se le dice que los recoja y que los guarde en su sitio.
Travesuras peligrosas
Cuando el comportamiento de los niños entrañe algún peligro, hay que dejar muy claras cuáles son las normas. No es el momento de razonar. Apártale de lo que está haciendo y dile un no rotundo y firme. Cógele de las manos y mírale a los ojos mientras lo haces. Deja para cuando esté tranquilo las explicaciones sobre el peligro que corre haciendo lo que está haciendo.



