Edúcale sin hacerle daño

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A los dos años, los niños pasan por una etapa de deseo de independencia que lleva asociado un desafío a la autoridad, especialmente a las normas establecidas por los padres. Cuando algo no le gusta o se le lleva la contraria, suele reaccionar con llantos, pataletas y gritos.

Es muy difícil mantener la calma en estos momentos, sin embargo según todos los expertos, precisamente la calma es la mejor lección que podemos transmitir. Podemos utilizar varios métodos para controlar estos episodios de rebeldía. ¡Utilízalos!

Los gritos

Si los padres no tienen costumbre de gritar a los niños, posiblemente cuando le regañen al niño en un tono más alto será muy eficaz, pues supondrá que está hablando en serio. En cambio, los gritos y las regañinas repetidas son contraproducentes. A esta edad, a los niños les encanta comprobar las reacciones de sus padres cuando les provocan y, si observan que habéis perdido el control, sentirá que es él quien está al mando de vuestro comportamiento. Se forma un círculo vicioso: cuanto más gritas, menos caso te hace el niño.

Amenazas

Algunos niños responden perfectamente a las amenazas, otros insisten una y otra vez en su mal comportamiento. Es muy importante cumplir las amenazas, es decir, si le regañas y le avisas de que si sigue pegando a su hermano le vas a quitar el peluche objeto de la disputa...pero no lo haces, entenderá que las amenazas no se cumplen e insistirá en su comportamiento.

La técnica de la interrupción

Actualmente, muchos expertos defienden otros métodos para modificar el comportamiento de los niños a esta edad. Uno de los más extendidos es el llamado de la interrupción, por que su objetivo es interrumpir la actividad del niño para que se de cuenta que ha hecho algo malo. Si se ha portado mal o ha agarrado una rabieta, hay que apartarlo y decirle que se esté allí quieto durante 2 a 3 minutos. Una silla, un rincón o una escalera valen para este aislamiento momentáneo. Después de haberle dejado esos minutos solo (mientras, puedes seguir haciendo tus actividades cotidianas) le levantas el castigo, le das un beso y olvidas el berrinche. Puede ocurrir que el niño grite, llore y se enfade aún más. No te inmutes, sé firme y déjale en el lugar que hayas elegido. Debes transmitir al niño firmeza y tranquilidad. Si después de esta situación continúa pegando a su hermano o pintando la mesa de la cocina, repite la interrupción con la misma calma que la primera vez. Seguro que se cansa de parar tantas veces seguidas.


Redacción Mujer
27/5/2008