De la guardería al cole
La adaptación al colegio de los niños que han pasado previamente por una escuela infantil es más fácil y rápida. Pero a pesar de estas ventajas, no hay que descuidar la adaptación al nuevo centro. Las diferencias con la guardería son muchas e importantes y ahora se convierten en los más pequeños del colegio. Posiblemente el edificio donde se encuentren sus aulas sea mucho más grande y eso le desorientará al principio. Además, tendrá un profesor nuevo, nuevos compañeros y quizá una metodología diferente.
El primer día de cole
La escuela infantil o el colegio no es un mundo aparte del hogar o de la familia, sino una prolongación de la educación que se está dando en ella. Por eso, los padres deben contribuir para que los dos mundos donde se desarrollará el niño convivan de forma armónica y se complementen eficazmente. D
ías antes de empezar las clases, es bueno que le hables de su cole y de todas las cosas buenas que va a encontrar allí. Podemos describirle lo bonita que es su clase y lo bien que se lo va a pasar allí.
Conviene que, antes de que empiece el colegio le acompañes un día antes para que conozca el sitio y se vaya acostumbrando a él. Es esencial que, al menos el primer día, le acompañéis uno de los dos. Aunque luego utilice la ruta escolar o le lleve otra persona, los primeros días agradecerá vuestra presencia. U
nos días antes debemos empezar a acostumbrarle a los nuevos horarios: que se acueste temprano, se levante un poquito antes, que adopte los mismos horarios de las comidas que tendrá en la escuela...
Si aún es pequeño y tiene costumbre de dormir una breve siesta por la mañana, es el momento de empezar a prescindir de ella. Antes de empezar, la mayoría de las guarderías citan a los padres para explicarles cómo va a ser el proceso de las clases.
Es bueno mantener una relación fluida con los profesores y demostrar delante del niño que confías en ellos.
Es muy importante que, aunque te dé mucha pena dejar a tu hijo el primer día, te vea contenta y confiada. Los niños pequeños son extremadamente sensibles a tus estados de ánimo, y si te ve triste o preocupada, entenderá que lo dejas en un sitio malo para él.
¿Qué hacer cuándo no quiere ir a la guardería?
Lo más frecuente es que los primeros días se quede llorando sólo unos minutos, los suficientes para que te vayas preocupada. Sin embargo, es casi seguro que se calle al poco rato. Los educadores saben que a los niños les duele separarse de sus padres, pero cuando ven la cantidad de cosas que pueden hacer en la guardería se les olvida.
Hay determinadas situaciones que les hacen especialmente duro ir al cole como, por ejemplo, ir después de un fin de semana o de las vacaciones a clase; si han estado malitos y han faltado algunos días y si ha ocurrido algún acontecimiento especial en la familia.
También es normal que se de esta situación si coincide el ingreso en la guardería con la crisis de los extraños, en torno a los 8 o 9 meses. A esta edad es normal que los niños se sientan mucho más apegados a sus padres.
En estas causas, los psicólogos recomiendan que seas constante en la hora de la recogida. Si se acostumbra a que vayas a buscarle justo después de la siesta o antes de comer, procura no retrasarte demasiado. Eso le haría sentirse inseguro.
Si se queda llorando, lo mejor es que hables con los profesores para buscar una situación intermedia. A veces bastan soluciones muy sencillas: no llevarle en brazos, dejar que lo lleve otra persona durante unos días...
No es bueno prolongar las despedidas; un beso y un adios rápido son suficientes. Tampoco conviene aprovechar un despiste del niño para irnos, esa actitud le desconcertaría. Es mucho mejor que te vea tranquila en la despedida.
No debes mostrarte demasiado preocupada ni magnificar el problema. Es normal que a los niños tan pequeños les cueste separarse de sus padres, pero también aprenden a ser independientes poco a poco.
¿Cómo vestirle para ir al cole?
La ropa debe ser cómoda para que pueda moverse sin problemas. Las prendas han de ser muy fáciles de cambiar para no entorpecer en su autonomía. Además, en caso de que aún utilice pañal, debemos facilitar la labor de las cuidadoras: nada de petos ni de cinturones.
Nunca deben ir demasiado abrigados para que no suden cuando corran o jueguen. El calzado debe ser flexible y, sobre todo, hay que tener en cuenta que la suela sea antideslizante.
En muchos centros os pedirán que llevéis una bolsa con ropa y muda limpia. Aunque controlen los esfínteres, no es raro que los primeros días tengan algún escape.
Las mochilas
El sobrepeso de las mochilas o transportar toda la carga sobre uno de los hombros aumenta el riesgo de que los niños sufran deformaciones en la columna vertebral. Las mochilas no deberían pesar más del 10 o 15% del peso corporal del niño.
Por esto es recomendable que se utilicen mochilas de dos asas, mejor si están acolchadas. También se recomienda no llevar nunca la mochila en un solo hombro y que, si la mochila tiene cintas para atar en la cintura o en el pecho, hay que utilizarlas para repartir el peso. Por otra parte, la mochila nunca debe cargarse con un peso superior al 15% del peso del niño y debe permitir al niño andar erguido, sin apoyarse ni balancearse. También es muy importante doblar las rodillas al levantar la mochila y mantener la espalda y los hombros rectos.
Transporte escolar
La seguridad es el principal requisito que debe tener el transporte escolar y para garantizarla, la normativa es muy estricta:
- Nunca deben ir tres niños en dos plazas.
- Hay que instalar cinturones de seguridad en todos los asientos del autobús.
- Un monitor de ruta debe atender a los niños, no el conductor.
- Los niños deben obedecer al monitor y no deben subir y bajar sin mirar previamente.