Los complejos
La falta de autoestima y la inseguridad suelen ser la base de todos todos los complejos. Los físicos son los más abundantes entre los adolescentes y provocan muchas veces problemas de relación. Estos pensamientos irracionales se suman a un sentimiento de inseguridad e inmadurez que, en ocasiones, provoca tantos problemas que es necesaria ayuda para superarlos.
La adolescencia es un momento de gran inseguridad, por lo que los complejos florecen de una manera tremenda en esta etapa.
Es la etapa en la que aparecen los complejos como fruto de la relación con los iguales, con los miembros del grupo. Los adolescentes se imitan entre ellos, son presa fácil e irremediable de modas y precisamente por esa necesidad de ser como los otros o de tener lo que tienen los demás surgen la mayoría de los complejos. El que se sale de los límites y se muestra diferente se expone al rechazo del resto del grupo. Ser más alto, más gordo o llevar gafas son diferencias evidentes, pero no son suficientes para provocar la descalificación o el rechazo de los demás miembros del grupo.
La reacción que el joven tenga ante la burla será la que consolide la situación. Si al percibir ese rechazo del grupo actúa con timidez y se repliega sobre sí mismo, adoptará una postura de víctima que dará más consistencia a las críticas. Asume el papel de rechazado y los amigos que se burlan consideran que, en el fondo, no están equivocados. Y no olvidemos que todavía los adolescentes pueden llegar a ser tan crueles e inconscientes como los niños.
Esta inseguridad se suma a la inmadurez afectiva típica del mundo adolescente, especialmente durante los primeros años. Los niños ponen en marcha lo que los psicólogos llaman el enemigo común, es decir, una actitud de rechazo hacia un miembro del grupo que les une. Hablan mal de uno de ellos, se ríen de sus defectos y así se sienten más unidos. Aunque son conscientes de que no deben reírse de sus compañeros, esa actitud muchas veces les hace ganar la confianza del grupo.
Como ayudar al acomplejado
La familia juega un papel muy importante a la hora de dotar a los adolescentes las habilidades necesarias para afrontar su aspecto sin sentirse inferiores.
La comunicación con los padres es esencial. Los complejos no sólo son fruto de la desaprobación social, sino que también pueden derivar de una educación demasiado exigente. Por eso, los padres deben seguir las siguientes recomendaciones:
- Fomentar su seguridad y autoestima, haciendo hincapié en que hay otros valores, además de los estéticos.
- Han de ser objetivos. Si creen que el complejo está justificado, la actitud más adecuada es la comprensión y recurrir a la ayuda de un profesional si es necesario. Por ejemplo, si el niño tiene realmente un problema de sobrepeso, será conveniente consultar con un endocrino.
- Hay que enseñarles a aceptarse sin buscar la perfección. Muchas veces nuestra sociedad impone ideales estéticos y modelos de comportamiento demasiado perfectos.
- Puede que el niño lleve gafas y tenga a nariz grande, pero seguro que es bueno en matemáticas o nada magistralmente.
- Enseñar al niño a reforzar su posición ante los compañeros o amigos. Si planta cara y no se apoca ante los insultos, ganará el respeto de los demás.
Redacción Mujer
14/5/2008





